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Españoles hablan, alemanes juegan.

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Españoles hablan, alemanes juegan.

Mensaje por BCF el Jue Abr 25, 2013 2:21 am



Los trompeteros del apocalipsis eran felices y comían perdices mientras se regocijaban en su profético fin de ciclo del Barça. Su orden natural volvía a imponerse. Todo eran risas hasta que, uno a uno, como las hojas en otoño, fueron cayendo los goles alemanes. Y a los del imperio de la astracanada, que creían tener todas las respuestas, el Borussia les cambió las preguntas. Un pequeño paso para los suministradores de estramonio, un gran paso para el resto de la humanidad a la que le gusta el fútbol, no sólo su equipo. Algunos pasaron de festejar un presunto fin de ciclo a maldecir el posible final de otro ciclo que ni siquiera ha llegado a empezar. El Madrid acabó quemado a lo bonzo en la cocina del infierno del Borussia. Famélico en su juego, víctima de errores groseros, el Madrid se derrumbó ante un adversario poderoso que le superó primero y le destripó después.


El Madrid contaba con el estímulo de saber que al Barça le habían noqueado y estaba sobre aviso de no bajar la guardia en su aventura por alcanzar el santo grial de La Décima. Pero el Real capituló ante un Borussia, más físico, talentoso, ambicioso y voraz, que sometió a los blancos con la pelota y sin ella. El éxito borusser consistió en su aplastante victoria en dos frentes decisivos de la batalla: el área y el banquillo. En el área blanca mandó Lewandowski, un asesino en serie polaco, con aires de Nureyev del gol, que vacunó en cuatro ocasiones a Diego López. El otro bofetón llegó en el banquillo: Mou perdió su duelo con Klopp, como en sus dos anteriores enfrentamientos. El luso, un maestro a la hora de encontrar antídotos al dominio rival, el más listo cuando se trata de desactivar las virtudes del contrario, nunca supo descifrar el sudoku de Klopp.


Aturdido, plano y vulgar hasta su vertiente más insultante, el Madrid esculpió su lápida en merced a una inesperada sucesión de errores impropios de su categoría. Hizo lo imposible por salir derrotado y lo consiguió. Cometió todos los errores de concentración posibles, no encontró antídoto ante la avalancha amarilla y acabó entregado ante un equipo magnífico, trufado de jugadores de menos fama que los blancos, pero de idéntica calidad y menor precio. Aplanado por el rodillo teutón, el Madrid apenas se concedió tiempo para calibrar el grosor de sus heridas. En Múnich hubo un terremoto 4.0 en la escala de Heynckes. Había se había atrevido a poner el champán a enfriar, pero el decorado fue aún más cruel para la armada española 24 horas después, después de un seísmo 4.1 en la escala de Klopp.


La consigna del vestuario fue dar un paso al frente. El Madrid buscó refugiarse en la esperanza, en el lado más soleado de la realidad, imitando el discurso del Barça en Múnich. Los blancos reconocieron la superioridad rival, reconocieron errores y recurrieron a intentarlo en la vuelta. Ramos asumió que faltó actitud, confesión de extrema gravedad en una semifinal de Champions, y Mourinho envió su mensaje: ‘Esto es remontable’. Futuro protocolo de actuación: un Bernabéu que anime hasta que sea delito, la épica por bandera, fútbol de Séptimo de Caballería y el espíritu de Juanito. El Madrid, desde luego, tiene suficiente potencial para voltear el drama de Dortmund. Ahora debe demostrarlo.


Resulta paradójico que lo mejor de Barcelona y Madrid hayan sido sus postreras soflamas tras sendos repasos. El Madrid habló bien fuera del campo, pero sobre el césped tuvo menos palabra que un telegrama. Bien está que blancos y culés se aferren a palabras y discursos de manual. Ahora falta que ese rosario de buenas intenciones se refrende con hechos. Porque, hasta ahora, la realidad es demoledora: los españoles hacen discursos y los alemanes hacen goles. Quizá el camino pase por apretar los puños y mantener la boca cerrada. Entre otras cosas, para no tener que seguir sintiendo que este país sigue siendo el número uno de Europa en subestimar contrarios, desdeñar méritos ajenos y festejar, antes de tiempo, las derrotas humillantes de su rival doméstico. Hasta ahora, el debate futbolístico ofrece un paisaje devastador: los españoles hablan y los alemanes juegan.


Rubén Uría / Eurosport
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Re: Españoles hablan, alemanes juegan.

Mensaje por fandePep el Jue Abr 25, 2013 10:46 am

Gran articulo una vez del gran Ruben Uría.

Palabras vs hechos/goles

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